Logo de Relájate Vagabundo
← Volver← Todas las historias

La fisioterapeuta que perdió la cuenta de quién había cancelado (y quién no)

Citas, cancelaciones y cambios de última hora en una consulta de fisioterapia pequeña.

Historia ficticia inspirada en situaciones habituales de pequeños negocios.

Fisioterapeuta en su consulta revisando la agenda a mano mientras llega un mensaje de cancelación por WhatsApp

Elena tiene una consulta de fisioterapia con dos camillas y una agenda que, hasta hace poco, llevaba a mano. Ve pacientes de rehabilitación, de dolor de espalda y deportistas que vuelven cada semana durante meses. Es un trabajo en el que la continuidad importa: cuando una sesión se mueve o se pierde, hay que reorganizar el día y volver a encajar todo lo demás.

El problema no son las sesiones en sí. Es todo lo que pasa entre una y otra.

Un paciente cancela por WhatsApp a las ocho de la mañana. Otro llama para cambiar la hora de la tarde. Alguien nuevo pregunta si hay hueco esta semana, justo cuando Elena tiene las manos ocupadas con alguien en la camilla. Y, a mitad de una sesión, se le ocurre que tiene que recordarle a otro paciente que traiga las pruebas del médico la próxima vez; pero no hay momento para apuntarlo en ningún sitio, así que confía en acordarse.

Un jueves, una paciente de las de toda la vida se presentó a su hora de siempre. Elena la había cambiado de hueco dos días antes, tras una llamada rápida entre paciente y paciente, y lo tenía clarísimo en la cabeza. Lo que no recordó fue avisarle de que el nuevo horario ya no era ese. La paciente esperó quince minutos en la sala, algo incómoda, hasta que Elena salió y entendió lo que había pasado. No perdió a la paciente. Pero perdió esa media hora de agenda —un hueco que podría haber ocupado otra persona— y, sobre todo, la sensación de que algo tan simple como una cita podía fallar por su culpa.

Ver el problema de citas y cancelaciones →

Elena no quiere una recepcionista a jornada completa ni un sistema complicado de gestión de clínicas. Quiere algo mucho más sencillo: que cuando alguien cancele, cambie o pida hora nueva, quede recogido en un solo sitio, sin que dependa de que ella se acuerde entre paciente y paciente.

En consultas pequeñas —de fisioterapia, psicología o clínicas dentales— las cancelaciones y los cambios de última hora son parte del día a día. El problema no es que ocurran, sino que, cuando todo se gestiona de memoria, un hueco libre no se aprovecha y una cita mal apuntada puede convertirse en una espera incómoda para alguien que solo quería atender su problema.

No siempre falta agenda. A veces falta un sitio donde esa agenda no dependa de una sola cabeza.

¿Te resulta familiar?

Cuéntanos cómo es tu día a día. Iris hará una primera lectura de tu caso para ver qué merece la pena revisar primero.

← Volver